Lo sé soy una niñata, creo que puedo tenerlo todo y al final siempre acabo perdiendo lo más importante por mi dichosa sed de cariño, pero hoy te voy a ser del todo sincera, si, me gustas y me gustas como nadie nunca lo había gustado nadie, se que eres mi mejor mejor amigo y que jugábamos a no querernos, pero...¿De verdad sigues creyendo que yo sigo jugando? No cariño, estás equivocado, aunque no te lo diga yo ya hace tiempo que no juego porque poco a poco me e ido enamorando de ti.
Al principio eran simples sonrisas, palabras cariñosas, abrazos y después ese juego peligroso en el que decidimos involucrarnos. Besos a escondidas, miedo a que nos pillaran jugando desnudos entre las sábanas, retos peligrosos y atrevidos y lo más importante miedo a enamorarnos.
Nos creíamos invencibles, pensábamos que jamás podríamos sentir algo el uno por el otro, que todo sería un peligroso juego en el que el primero en enamorase pierde, pero jamás me imaginé las semejantes consecuencias de tan peligroso juego.
Detrás de cara beso, de cada caricia, de cada sonrisa, había un granito de sal y fui acumulando tantos que cuando el juego terminó tenía el salero, es decir, mi corazón lleno de esos pequeños granitos y fue entonces cuando comprendí porque cuando derramamos lágrimas de amor suelen ser saladas y es que el amor se hace así. Nace de pequeños gestos como un beso y uno tras otro van depositándose en nuestro corazón y cuando todo ese amor se derrumba, solemos decir que tenemos el corazón roto y claro como el salero se rompió y solo hay una manera de olvidarnos de ese amor, derramando todo ese sal en forma de lágrimas asique si teneis que hacedlo y si no quereis no queréis perder esos granitos luchar por el amor, no os rindais.
No hay comentarios:
Publicar un comentario